Ya están aquí las bajas temperaturas y, con ellas, unas facturas de gas y luz que no nos dejan dormir tranquilos. Si quieres ahorrar, sigue estos consejos.


La publicidad no deja de advertirnos de que, si queremos ahorrar en calefacción, haríamos bien en cambiar ventanas o aislar mejor la casa. A largo plazo es cierto, pero no todo el mundo puede afrontar unainversión de este tipo. Por suerte, existen una serie de prácticas que nos permitirán mantener nuestra casa caliente ahorrando en gas y luz. Y no se trata de nada sofisticado: son cosas de sentido común que habíamos dejado de hacer pensando que el calor en nuestro hogar estaría siempre garantizado.

 

1. Mantén tu casa a 20 grados

La temperatura ideal a la que tenemos que poner la calefacción para no pasar frío y no derrochar dinero es de 20º. Por cada grado de más, el gasto aumenta.

2. Apaga la calefacción cuando sea necesario

Muchas personas creen que apagar y encender la calefacción acarrea un mayor consumo de energía, pero no es cierto. Aunque es preciso un pico de calor para alcanzar de nuevo la temperatura adecuada, merece la pena apagar la calefacción si no estamos en la vivienda o por la noche, cuando estamos cubiertos de edredones y mantas.

Si hace demasiado frío puedes dejar la calefacción encendida por la noche, pero al menos baja la temperatura. Si se limita la temperatura a 16º entre las diez de la noche y las seis de la mañana, se puede recortar en torno a un 13% el consumo anual de combustible.

 

3. Cierra tus persianas de noche

Durante el día, los rayos del sol pueden calentar algo tu casa, pero la ventana no deja que escape la radiación infrarroja. Por la noche, sin embargo, las ventanas sencillas pueden llegar a estar muy frías. En una casa vieja en la que la calefacción mantiene el interior a unos 20 grados de temperatura, las ventanas, por dentro, pueden llegar a estar a 7 grados. Esto supone una pérdida de energía bestial. Entre el 25% y el 30% de la calefacción gastada en los hogares se destina a cubrir las pérdidas de calor que se originan en las ventanas.

Incluso si tienes ventanas de doble acristalamiento, la temperatura de estas puede bajar a unos 14º, lo que supone una pérdida de energía de entre 50 y 100 vatios por metro cuadrado, el equivalente a tener encendida una bombilla antigua.

La mejor manera de disminuir esta pérdida de energía pasa por cerrar la persiana y las cortinas en cuanto anochece, algo que aumenta el aislamiento de forma significativa. Si quieres ventilar basta con que abras las ventanas 10 minutos, a ser posible al medio día, que es cuando menos frío hace.

4. Cubre los muros y las puertas

Aunque se pierde más calor a través de las ventanas, los muros exteriores también se enfrían y hacen que nuestra casa pierda calor. Las paredes de nuestra casa que dan a la calle suelen estar3 o 4 grados más frías que el interior de la casa. Si estos muros están desnudos, perderemos mucha más energía. Lo ideal es cubrir las paredes con cuadros, posters o, mucho mejor, una buena librería. ¿Por qué crees que las paredes de los castillos medievales se cubrían con tapices?

La diferencia puede parecer insignificante, pero no lo es. Un simple póster puede aumentar la temperatura de una pared en 1,5º y una librería bien surtida elimina casi por completo la pérdida de calor a través de las paredes.

Las puertas que dan al exterior pierden aún más frío que los muros. Su temperatura puede llegar a ser 15º inferior que la de la casa en las noches más frías. Una buena idea es cubrir tu entrada con una cortina o algún material aislante. Además, para evitar que el frío se desplace de una habitación a otra es conveniente  mantener cerradas las puertas.

5. Haz vida en los puntos cálidos de la casa

Cuando no existía la calefacción, todo el calor de la casa se concentraba en el hogar, y es junto a este donde se concentraban todas las actividades domésticas. Existían incluso pantallas de madera que se colocaban alrededor del fuego, para concentrar el calor que desprendía este.

Hoy la mayoría de hogares cuentan con más de una fuente de calor, pero sigue habiendo estancias más calientes que otras y, lo que es más importante, lugares dentro de las estancias que son más calientes que otros. Existe una norma básica a seguir: cuanto más alejados estemos en las paredes exteriores, más calientes estaremos.

En ocasiones, es imposible colocar el sofá o la cama en otro sitio que no sea pegado a un muro exterior –aunque lo ideal, aunque hoy parezca extraño, es que estén en mitad de la habitación–. Pero si no queda otra haríamos bien en no entrar en contacto directo con las paredes: un simple tablón de madera hace que aumente la temperatura de manera significativa. Las alfombras también ayudan a conservar el calor.